Partiendo de los planteos y descubrimientos de Leonardo de Pisa,
responsable de haber introducido los números árabes y conocimientos
matemáticos de diversas culturas en la Europa del siglo XIII, abordamos
el complejo campo de los números primos para luego abordar la progresión
Fibonacci, que lleva este nombre en su honor.
Esta progresión de números aparentemente sencilla encierra dos
situaciones fundamentales, por un lado permite trazar espirales de
crecimiento de gran similitud con la espiral áurea, que definen el
patrón de crecimiento de todo cuanto hay en la naturaleza: nuestra
espiral de ADN, los tallos y troncos vegetales, los caracoles o las
galaxias. Por otra parte, tal progresión de números permite acercarnos a
phi el número que define toda la proporción áurea: 1,618...
Tal número puede obtenerse al ir dividiendo a los diferentes valores obtenidos en la progresión fibonacci por su predecesor:
1+1 = 2; 2+1 = 3; 3+2 = 5; 5+3 = 8...
cuando llegamos a las divisiones nombradas: 3/2; 5/3... el resultado se
va poniendo cada vez más interesante hasta que, a partir de 89/55 el
resultado será siempre extremadamente cercano a phi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario